¿Qué es el trauma y qué efectos produce?
Muchas personas llegan a consulta cargando con algo que no saben del todo cómo nombrar. Saben que algo les pesa, que ciertas situaciones los desbordan más de lo que «deberían», tienen reacciones que no comprenden del todo. Muchas veces, en el origen de ese malestar, hay experiencias traumáticas que aún no han sido procesadas.
El trauma no tiene que ver necesariamente con lo que te ocurrió. Es lo que quedó registrado en tu cuerpo y en tu sistema nervioso a raíz de eso. Cuando vivimos situaciones abrumadoras —que no fuimos capaces de afrontar porque no teníamos suficientes recursos— nuestro sistema nervioso puede quedar atrapado en un estado de alerta permanente o de desconexión. Y desde ahí empieza a moldear la manera en que nos sentimos, pensamos y nos relacionamos.
Si bien es común pensar que el trauma está reservado para catástrofes o eventos extremos, esto no es así. También puede originarse a partir de experiencias prolongadas y silenciosas: una infancia con poca contención emocional, vínculos en los que no te sentiste seguro/a, situaciones de negligencia o abuso, o etapas de vida en las que estuviste solo/a frente a algo muy difícil.
Sus efectos son variados y no siempre se reconocen fácilmente como trauma: ansiedad, depresión, ataques de pánico, hipervigilancia, desconexión emocional, baja autoestima, dificultad para confiar en los demás, impulsividad, o respuestas físicas como tensión crónica, fatiga o dolores persistentes sin causa orgánica.
En mi práctica acompaño tanto a quienes cargan con los efectos de experiencias prolongadas y acumulativas — lo que se conoce como trauma complejo o relacional: el que se instala en etapas tempranas de la vida cuando no hubo vínculos suficientemente seguros, o hubo abandono, negligencia o violencia — como a personas que han vivido eventos puntuales y delimitados (trauma simple).
Si has recibido acompañamiento terapéutico o psiquiátrico sin notar mejorías sostenidas, puede que parte del origen esté en experiencias traumáticas que aún no han sido abordadas desde este ángulo.
Tratamiento
Trabajar el trauma requiere ir más allá de la sola comprensión intelectual de lo que ocurrió. El objetivo no es revivir el dolor, sino crear las condiciones para que el sistema nervioso pueda procesar lo que quedó sin integrar, y recuperar así una mayor sensación de bienestar, libertad y conexión con uno/a mismo/a.
Para eso utilizo enfoques terapéuticos especializados, que integro de manera flexible según cada persona y proceso:
- EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares): Permite reprocesar recuerdos traumáticos, reduciendo y eliminando la carga emocional que generan, sin necesidad de revivir la experiencia en detalle.
- Psicoterapia Somática: Trabaja la conexión entre mente y cuerpo, facilita que la carga traumática pueda liberarse a través de la conciencia corporal y la regulación del sistema nervioso.
- TIST (Tratamiento de Estabilización Informado en Trauma): Un modelo que reconoce que frente al trauma solemos desarrollar distintas «partes» internas como estrategia de supervivencia, y trabaja para que puedan integrarse y coexistir con mayor armonía.
- Mindfulness Sensible al Trauma: un enfoque que adapta la práctica de atención plena a las particularidades de quien ha vivido experiencias traumáticas, para desarrollar la capacidad de regular la atención y las emociones — una habilidad que el trauma frecuentemente interrumpe o dificulta.
Cada proceso es distinto porque cada persona lo es. Lo que sí es constante es el cuidado con el que acompaño cada etapa: a tu ritmo, respetando tus límites, y con el foco puesto en que puedas recuperar una vida más plena.
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